viernes, 11 de junio de 2010

Una página en blanco


Todo empezó con una página en blanco. Quería escribirte, que supieras ésto. Todo lo que necesitabas saber. Todo lo que quería plasmar en esta página en blanco.
Y el lápiz sin tajar, impaciente por ser usado, por permitirme expresar lo que quiero que sepas. Todo lo que necesito escribir con este lápiz.
Y la hormiguita, caminando sobre el escritorio, como si supiera a donde va, sigue un rastro o será instinto, pero ella quiere llegar. A cualquier lugar o a uno en especial. Pero no se detendrá hasta llegar, aquella hormiguita.
Y la página sigue en blanco y la hormiguita siguiendo su camino, con o sin destino, como el lápiz sin tajar, rodando sobre el escritorio desordenado, empujado por mis dedos.
Y los libros que envidio, porque están escritos, porque saben qué decir, porque expresan todo lo que pretendían plasmar al inicio. Pero en algún momento fueron como mi página en blanco.
Y el viento frío, que entra suavemente y levanta levemente la página, que aún en blanco, hace rodar el lápiz, aún sin tajar, y desorienta a la hormiguita, aquella que no sabe bien a donde llegar.
Y la luna, iluminando la noche, iluminando escasamente mi página en blanco, el lápiz sin punta, la hormiguita sin mapa, el escritorio alborotado, mi alma desnuda, mi mente con tu presencia y todo lo que debes saber.
Y la noche que se burla, que me recuerda que no puedo dormir, que tengo frío, que tengo una página en blanco que llenar con todo lo que necesito decirte, con todo lo que necesito que sepas.
Todos tienen un propósito. La página debe ser llenada, el lápiz debe ser tajado, la hormiguita debe llegar, los libros deben inspirar, la noche debe ayudar a descansar el día, el viento que debe enfriarme, la luna que me recuerda que no me siento bien. Que no me siento bien con esta página en blanco, con mi alma descubierta, con mi mente respirándote y todo lo que tengo que decirte.
Mientras tomo el lápiz noto que la hormiguita ya se marchó. Un tajador es de ayuda, pero el escritorio no me facilita la situación. Tengo los dedos húmedos, las manos me tiemblan y el frío intenso me señala lo que necesito.
El lápiz es útil por fin. El viento deja de soplar. La luna deja de iluminar. Y la noche se marcha como la hormiguita, al despertar el día. Un preciso instante que duró una eternidad me indicó que el tiempo se había detenido, estaba lista para decirte todo lo que tienes que saber, todo lo que necesito que sepas, explicar lo que sucede para que puedas entenderlo todo.
Elevo tranquilamente el lápiz por espacios vacíos donde hace poco recorría un viento frío , las cortinas se sacuden y yo espero que la hormiguita haya llegado a su detino.
Suspiro. Siento mi pulso. Y al ritmo de mis latidos es escrita una palabra sobre la página en blanco.
Me levanto y salgo de la habitación. Con una palabra terminé de decirte todo ésto. Todo lo que necesitas saber. Todo lo que quería plasmar. Una palabra que explicará la situación, dará la más razonable solución, para el que en algún momento fue visto como un problema y liberará mi alma.
Y la página que en algún momento estuvo en blanco, ahora sólo dice: "Adiós".