viernes, 29 de mayo de 2009

A TRAVÉS DEL PASILLO


No había tenido un buen día. Y la noche parecía no mejorarlo. Decidí salir del escritorio en busca de más licor, con el vaso en la mano, abrí la puerta.
-¿Piensas venir?- Susurró ella desde el otro lado del pasillo.
Volteé enseguida. Ella estaba apoyada en la puerta de nuestra habitación, y de la forma como vestía de negro, provocaba mi mirada. El duelo comenzaba entre sus labios y mis ojos, ella atacaba con su cabello que suavemente sacudía y yo me defendía pasando mi mano por la cabeza.
-He de estar soñando…- Suspiré mientras dejaba el vaso sobre la alfombra del pasillo.
Ella acomodaba su mano derecha en su cintura, la izquierda en su cabellera, mientras no dejaba de observarme. Mi decisión por dar un paso adelante fue firme, pero no como el roce de mis pestañas al subir y bajar mis pupilas ante su belleza.
Sentía su piel esperándome, tras una leve brisa que me atraía por su perfume. La tira de su traje caía por su hombro, sin ella notarlo. Estiré mis brazos, y mis dedos se deslizaban por las paredes del pasillo. Descalza, avancé suavemente guiándome por el temblor en mis labios, mientras veía como se mordía los suyos.
Sus manos se abrazaban a sí misma mientras rozaba delicadamente el marco de la puerta. Mis dedos seguían el camino a su cuerpo por las paredes del pasillo, apasionados con la idea de tenerla cerca. Otro paso era dado.
Su mirada era tierna, inspiraba deseo, y yo deseaba inspiración. Ella era un lobo con un mal disfraz de cordero. Y yo lo sabía muy bien.
Ella continuaba mordiéndose los labios y los míos seguían temblando. Mis pasos eran lentos pero seguros. El deseo se hacía más intenso. Y yo dejaba que la emoción fluyera por entre mis venas, provocando bombear más sangre a la que mi corazón estaba acostumbrado.
Ella seguía estimulándome con sólo mirarme y morderse los labios. Yo seguía descalza con los brazos estirados y mis dedos helados por las paredes del pasillo, siguiendo su aroma de mujer, sintiendo sus latidos en mi pecho.
Un paso más y habré alcanzado el inicio del placer, el comienzo del juego de seducción, en el que sólo ganaríamos al llegar al paroxismo de nuestros deseos. Y fue dado tan ansiado paso.
Mi mano en su cintura, sus dedos en mi rostro. Su boca mordiéndome, mis labios temblando. Mi brazo rozó, desde su cuello hasta su cadera, por la espalda. Sus piernas, al igual que sus brazos, se encadenaron a mi cuerpo, que al yo dar un último paso adelante, ella cerró la puerta con la misma sensualidad con la que se había detenido a esperar a que la tomara en mis brazos en aquel marco de la puerta, a través del pasillo.

miércoles, 29 de abril de 2009

INSOMNIO


Son las 2a.m. y aún no puedo dormir. Imaginando. Creando. Intentando ser. Formando planes mezclados con sueños que jamás podrán ser, andar o respirar como yo tengo que hacerlo sin protestar, criticar o alabar a aquel que tomó la decisión de no volverlo a hacer.
Son las 4a.m. y la madrugada se acaba con los sueños que no despiertan. Fantaseando. Inventando. No puedo ser. Juntando las más críticas situaciones en drásticas ideas antes del amanecer, mientras las lágrimas caen tras errores que jamás cometí y dilemas que nunca enfrentaré en esta realidad.
Son las 6 de la mañana y mis ojos cansados se auxilian con la cortina cerrada. Escapando. Huyendo. Queriendo ser. Buscando oportunidades de oro y evitando las de platino, fastidiada por la locura que imagina y crea tras el muro de fortaleza sin existencia.
Son las 8 y aunque no he dormido nada y no estoy cansada, me levanto. Somnolienta. Solitaria. Insomnio que respira mientras yo pretendo ser. Oscuridad que desaparece mientras intento encontrar el sueño. Soledad que acompaña mientras dejo el llanto sobre mi cama, tras la sábana, en mi almohada.

domingo, 19 de abril de 2009

PENA


Una noche sin luna, con soledad y oscuridad a mi lado, los fantasmas nocturnos hacen su aparición. Condenada a sentirlos cada noche sin luna.
Vueltas en la cama, recorro mis sueños y perdiendo interés, se convierten en pesadillas. La angustia me altera. Me siento inquieta y no se cómo controlarlo.
La furia autodestructiva aparece con sus primeros actos desesperados entre una hemorragia de lágrimas, que caen sobre mi almohada como piedras por el peso de la pena contenida y aguantada, no son bien recibidas ni asumidas. Creo que seguirán un largo camino sin detenerse.
Duelen, como si fueran hechas de sangre. Sufro, como si yo me las hubiera provocado.
Pienso en la frustración de no poder secar la manada que cae sobre mi mejilla. Medito en la idea del momento en que se abrió tan grande herida. Y entre pensamientos e ideas, sueños y pesadillas, angustias y desesperaciones, la pena continúa y parece que no tengo la fuerza suficiente para detenerla, para hacerla cesar.
La mentira dicha, mi acto incoherente y mi presión que asume una postura mediocre, me guiaron a sentir pena. Esta incontrolable pena que crece y no cesa, que aumenta y no desaparece, que me condena y no termina. Esta enorme pena, bien merecida, inquieta prosigue en esta noche sin luna.

jueves, 16 de abril de 2009

Y LA INFANCIA OTRA VEZ


El resentimiento que encontré sobre mis hombros pensando aquella tarde, fue el que bruscamente hizo que empezara la terapia de mi inocencia. Mi vida daba vueltas sobre un sol que yo había creado tan irónicamente aislado por rencor y atraído por un sentimiento que el cordón umbilical dejó al caer, había perforado mi capa de ozono, llenando la atmósfera de pensamientos negativos, guiados por el bendito rencor mal adquirido.
Y la infancia salta inocente ante un recuerdo fugaz en estado de confusión frente a un detalle sin importancia. Que tal vez en un mañana llame mi atención.
Entonces sigo adelante y pienso en cada paso dado, cada problema resuelto, cada dilema enfrentado, cada personaje encontrado, que ha ido creando la persona que soy ahora, la sombra de lo que quisiera ser, el ángel y demonio que combate noche y día sólo por despertar y no vivir en un mundo paralelo.
Y la infancia otra vez, saltando y sonriendo, sin temores ni prejuicios, bailando y jugando, sin saber atacar ni tener la necesidad de defenderse, sola distribuyendo sus emociones más inocentes compartiéndolas con sus amigos (porque a esa edad todos son sus amigos).
Pero la vida te enseña de la forma más ruda para asegurarse que aprendas a la primera (sadomasoquista el que tenga que repetir la lección) sin previos avisos, no valen demoras, sólo una oportunidad.
Advertencia dada al nacer. Sin remedios ni pausas, la tos se cura sola y el teatro debe continuar.
Y la infancia otra vez, grita, porque no sabe sufrir en silencio. Desahoga tanto que agota energías para saltar y jugar, llorar y reír. Y de nuevo grita.
En el mundo real sólo gritamos para ser escuchados. Sólo gritamos para llamar la atención ajena, para traspasar la preocupación, volverla ambigua, o en su defecto, vacua. (Callar fue mi error, y hoy lo estoy reclamando).
Y la infancia otra vez, patalea, juega, grita, calla. La escucho, la intento entender. Pero no se me ocurre cómo pude ser capaz de llegar a la desolación absoluta en la que me separara de la realidad, en que mi infancia empezara a callar.
Y al callar empecé a hablar con mis acciones.

miércoles, 15 de abril de 2009

LUNA


He descubierto con asombro que existe un cielo sin estrellas, sólo una luna ilumina la inmensa noche. Sin miedo a la oscuridad, pues la luna me ha de iluminar. Con temor en la oscuridad, pues la noche se ha de acabar. El sol llegará y yo tendré que soñar, con la noche y su luna. Pero el miedo y la penumbra se acercan y me atan. Me amarran a los temores de una vida desentendida pero ciertamente bien adquirida, por una mente cohibida, que aprende a ser atrevida.
Errores ajenos marcaron mi cuerpo y bajo la atadura no hay fuerzas que me liberen. Entonces la luna aparece tan majestuosa y, dulcemente, desata las cuerdas, mas se percata que hay cadenas auto colocadas y sobrepuestas. Se acerca a mi oído y susurra: "... te amo..."
Las cadenas parecen desprenderse pero se ajustan aún más. El temor y mis miedos, la luna y su postura, la noche en mi penumbra. Todo se junta y no hallo respuesta, coherencia, realidad, fuerza. Entonces la luna ilumina la inmensa noche y las cadenas parecen caer en un profundo letargo.
Sus manos se extienden y, al tomarlas, he aceptado. Sus brazos me acogen y he crecido. Su alma me besa y yo he amado. Mis miedos se pierden entre las estrellas en una noche en la que no despiertan. Las cadenas somnolientas saludarán al sol. Pero antes, habré amado a la luna en la inmensidad de la noche, sin miedos ni temores, por el resto de mi vida.

martes, 14 de abril de 2009

ASI PASA CUANDO SUCEDE


Mi personalidad estaba limitada por mis propias ideas, que confusas e inquietas, se alteraban ante un estado de desequilibrio emocional. Y provocando diferentes y muy elocuentes acciones, terminaba por construir una ciudad de consecuencias. Propiamente dicho, me acostumbré a una vida sin retorno. A una vida de ensueño y progreso, en el que la vida misma avanzaba sin mí, considerándola en mi propio pensar, como un sueño que no lograba alcanzar. Y que tampoco quería.
Mi vida era dominada por lo básico en mi forma de pensar: el momento. Ahora vivo, hoy sigo viviendo y aquí es donde vivo. La maquiavélica manera de mi pensar me obligó a sincronizar mis neuronas ante otra idea: mi forma de vivir. Y es que si vivía del y en el momento, tenía que vivirlo al máximo, como si fuera el último. E inconscientemente eso era lo que pensaba: éste es mi último segundo. El problema existencial: sufrir las consecuencias propiamente adquiridas en el lapso del momento anterior.
Alguna vez tuve un sueño, y aún lo conservo, pero anda camuflado y cubierto de miedo. Temeroso de sufrir las consecuencias del momento, se esconde tras una pared de incertidumbre. Detrás de aquella pared, mi autoestima lo acompaña.
Alguna vez rocé la felicidad con la punta de los dedos, y aún creo que la puedo alcanzar, pero anda algo distanciado por los dilemas personales que crea el corazón ante el ataque constante del amor y la confianza. Y es que siendo tan sencilla y complicada como soy, mi personalidad crea un sueño verídico que se rige por mis acciones del momento, trayendo como consecuencia los dichosos problemas amorosos.
El dolor ajeno ha dañado constantemente mi sensibilidad. Muestra de esto es la sencilla forma que tengo para arreglar problemas que no me corresponden, e intentar a todo costo jalar una sonrisa a un rostro deprimido. Mi sórdida alegría proviene de la ajena. En invierno u otoño, si la gente es cálida, yo no siento frío.
La soledad suele inclinarme hacia el reconocimiento de mis acciones, a redescubrir el estado en el que me hallo, a encontrar la ubicación de mis errores y a corregir las bien llamadas: consecuencias del momento. Después de todo, puedo afirmar que la soledad no es deprimente, sino la mejor forma de estar acompañada y de ayudarme a reflexionar.
Ahora me deleito observando como mi personalidad crea mi vida, donde recuperaré mis sueños anhelados y obtendré la felicidad ansiada, mientras que el dolor ajeno no afecte mi sensibilidad y la soledad esté a mi lado.

Y es que así pasa cuando sucede, porque cuando pasa lo mismo sucede igual.

lunes, 13 de abril de 2009

UN ANGEL DECAPITADO


Sentimiento presionado en aquella alma frustrada que se encontraba de vuelta en el desierto de una sociedad abandonada en la miseria, enriquecida por la avaricia, ahogada en la lujuria, suelta y, como consecuencia, perdida entre un bosque de envidia y deshonra, sin el encuentro de lealtad y honestidad, entre una enredadera de mentira y de engaño, lejos de los arbustos de verdad y sinceridad. La lucha por el libre pensamiento se convirtió en una guerra por el libre albedrío, y lo que fuese libertad, fue libertinaje. La locura se apoderó del aldeano, la vida no era más que una cárcel en la que el prisionero, cansado de purgar errores que se auto colocó bajando su autoestima y poder de superación, ante la voz de la llamada consciencia pública: la sociedad, buscaba libertad, mal entendida como libertinaje. Y este valiente guerrero se acobardó ante el ser libre en el bosque de la desolación, entre la perdición y la decepción, realizando una idea que voló cual ave libre por su mente, sin dejarlo descansar. Fue un proceso cohibido, y en aquel momento quieto, impredecible e intimidado. Y más que una idea o una forma de pensar, síntoma de expresión o fórmula de solución, fue un juego paralelo a su vida cotidiana en el que no encontraría la paz ansiada. Este ángel, aún presionado, decidió darse una segunda oportunidad en un mundo que no cabía en la realidad humana. Y aceptando que no era más que la sombra de algo que pudo llegar a ser alguien, se convirtió en el ángel decapitado.